Murió René Burri, quien fotografió al Che Guevara

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René Burri, uno de los fotógrafos suizos más reconocidos y que retratará al Che Guevara con la mirada perdida y fumando un puro, murió  hoy a los 81 años de edad, en su domicilio de Zúrich, confirmó la agencia Magnum, a la que pertenecía desde 1959.

En 2011 fue distinguido con el Reinhardt von Graffenried Lifetime Achievement Award, y  el año pasado donó todos sus archivos al Museo del Elíseo en Lausanne, que se resumen en un total de 30 mil fotografías.

Burri inmortalizó a Fidel Castro, con su famosa gorra y fumando también un puro; retrató a personajes como Le Corbusier, Giacometti, Tianguely, Klein y Picasso. A pesar de que también cubrió guerras como fotoperiodista, en sus fotografías no hay cadáveres.

Con su mirada curiosa, respetuosa y sin cinismo, publicó sus reportajes fotográficos  en revistas como Live, Look, París-Match o Stern.


“Fotografiar lo puede hacer cualquiera, lo que hace falta es una opinión”…René Burri. 

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Un ensayo literario contra el hijo tirano: Lina Meruane

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Por Nuria Ocaña


“Que me acusen de feminista mal agestada. De amargada y pesimista. De anticuada (…) Exijo que quienes levanten la primera piedra pongan, antes de hacerlo, una de sus manos sobre el pecho y se planteen en serio si todo ha sido tan simple en lo que a tener hijos se refiere”.

Y es que si nos jactamos de ser personas modernas, críticas y de mente abierta a nuevos planteamientos, se debe considerar la perorata de la chilena Lina Meruane (Santiago, Chile, 1970), quien en su más reciente libro, Contra los hijos, publicado por Tumbona ediciones, hace un alegato al derecho legítimo de rechazar la maternidad.

De acuerdo con Meruane, desde el inicio de los tiempos, el rol de la mujer sólo puede entenderse mediante la combinación mujer-madre. Para cualquiera de este género, el máximo esplendor de la femineidad conlleva siempre la procreación, y en el imaginario social persiste la idea de que una mujer no constituye un ser completo por sí misma si no ha incursionado en este rol.

“A cada logro feminista ha seguido un retroceso, a cada golpe femenino un contragolpe social destinado a domar los impulsos centrífugos de la liberación”, dice la escritora de ascendencia palestina.

Esta es la eterna lucha que las mujeres han llevado sobre sus espaldas a lo largo de la historia, por haber sido las “elegidas” para engendrar vida nueva -nunca sin subestimar la fundamental participación del hombre-. A ellas no se les pregunta, dice Meruane, si van a tener hijos o no, sino ¿cuándo piensan tenerlos?

Pero esta responsabilidad, sustentada bajo el discurso biológico, no se trató de una decisión consciente del género femenino y, sin embargo, en un intento consciente por explicarse la negativa al deseo de asumirla, la sociedad ha ido respondiendo para sí misma que “seguro es infértil”, que “no puede”, que “en algún punto le llegará el momento” o que “es una madre desnaturalizada”, porque no se entiende de otro modo.

Para responder, la chilena analiza arbitrariamente diferentes épocas y fundamenta una de sus conclusiones: es también desde el inicio de los tiempos que ha estado presente ese no-deseo o ese deseo-no tener hijos.

¿Por qué entonces, en esta era de modernidad y de libertades, resurge este reclamo de corte feminista?, y aquí la hipótesis de Meruane: “A falta de un Estado que garantice el acceso igualitario a beneficios y oportunidades y un futuro mejor, son los progenitores quienes deben asegurarlo”, lo cual, además, devino en la transformación del papel del hijo, quien se ha convertido, según la chilena, en una especie de tirano e inútil, dependiente en su mayor medida de los padres  -entiéndase madres-.

Es este mismo contexto contemporáneo, con todas las características de modernidad que le distinguen, el que en su renovación del discurso sobre la maternidad plantea ahora sus dos variantes propias -siempre respetando los prejuicios de los “más altos deberes de esposa y madre en una forma de esclavitud doméstica”-. Por un lado, el modelo de mujer-madre a seguir implica ahora, un retorno a lo natural, al parto sin anestesia, al abandono de la mamila y la extensión de la lactancia natural, al pañal reciclable, a la abstención de vacunas, todo aquello que implica un mayor sacrificio pero un mayor reconocimiento social; en contraparte, la falta del deseo de procrear en una mujer se explica gracias a los maravillosos avances en la medicina, ante la falta de un gen responsable del instinto materno.

Ahora el reclamo cambia de dirección. Aún cuando el eterno discurso que apela a la maternidad se edifica en ese llamado “instinto materno”, la ideología social siempre tuvo, tiene y tendrá mayor peso sin lugar a dudas. Entonces, Meruane reclama en este libro a aquellas mujeres que han sucumbido a la demanda y a la presión social que les exige tener hijos, aún sin desearlo. Porque cuando una mujer decidió no ser madre, la sociedad termina por juzgar, señalando con el dedo, a aquellas “madres desnaturalizadas”, esas conversas egoístas que sólo escuchan sus propios deseos. Así, estos fenómenos deben luchar no sólo con leyes sociales y códigos morales, sino con las miradas recriminatorias y, en ocasiones, lastimeras, de sus pares.

Y es que no se trata de ir en contra de tener hijos, explica la chilena, sino de fomentar, ante la falta de determinación propia, un sistema que continúa apelando a esa esclavitud doméstica de las mujeres, en pos de los hijos, y de la idealización de éstos como única vía para la realización plena de la mujer. “Es contra estos terribles hijos que me rebelo. Contra el advenimiento del imperio de estos tiranos”, señala la ensayista.


Lina Meruane, Contra los hijos, Tumbona ediciones, 2014.

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Una charla con la soprano María Katzarava

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Por Huemanzin Rodríguez

Noticias 22 platicó en Guanajuato con la soprano  María Katzarava, Premio de Zarzuela en el Concurso Plácido Domingo “Operalia” (2008) sobre su concierto en el Teatro Juárez, y esto fue lo que nos dijo:

Elección del repertorio

“Opté por buscar un repertorio que no sea tan público, que no lo cante todo el tiempo. Me gusta mucho la Mélodie Françoise, el repertorio francés. Así que traté de mezclar el francés y el ruso –que también es parte de mí, la ópera italiana y la ópera francesa que es parte de mi especialidad. Yo soy mitad georgiana y mitad mexicana y la lengua oficial era el ruso.

Serguéi  Rajmaninov

“Son dos piezas de Rajmaninov: Aquí se está muy bien y No cantes ante mí aquellas tristes canciones de Georgia.

“Es conectarte el chip: Cantar ruso, cantar francés. Es cambiártelo. Porque es totalmente diferente hasta la manera de poner la voz, por la simple pronunciación. Te cambia la manera de cantar. Es muy diferente. Y la canción francesa y la canción rusa son totalmente estilos distintos; al igual que la ópera, la italiana con la francesa no tienen nada que ver en su manera de interpretar o cantar. La música francesa tal vez no es tan arrebatada como lo puede ser la italiana. Eso es lo que tienes que jugar como cantante e intérprete. Saber jugar.

“Esa química que tengo con Hélène Blanic, quien es una extraordinaria pianista y especializada en Mélodie Françoise. Muy enriquecedor para mí trabajar con alguien así porque además te deja ser y de te dejas llevar. Es muy rico trabajar con gente así.

Este noviembre va a ser mi última participación en México y después regresa hasta el próximo año. Este año voy a celebrar los 35 años del maestro enrique Patrón de Rueda en la ópera Turandot con la OFUNAM.  Y con la ópera de Monterrey voy a hacer mi última presentación como Romeo et Juliette, el 28 y 30 de noviembre. Y con eso concluyo mi estancia en México”.

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Matt Haig versus Arthur Schopenhauer

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Por Verónica Lugo @bretanicsgirl

Frecuentemente somos nosotros los que escogemos el libro que nos interesa, ya sea porque tenemos cierta empatía con el autor o por el género literario, pero  algunas veces son ellos los que nos eligen a nosotros y cuando lo hacen, es para sorprendernos.

Días atrás me encontraba algo deprimida, la culpa de tal estado de ánimo se debía, además de los titulares de los diarios a los que recurro para informarme, a mi lectura de Schopenhauer y a su pesimismo en Los dolores del mundo. El libro es maravilloso pero me dejó un sinsabor y tuvo en mí un efecto derrotista a tal grado de sentir por la especie humana un profundo desprecio.
Un buen día, al llegar a la agencia de noticias del canal 22, en la cual colaboro por ahora, el editor en jefe se acercó a mí y me preguntó: – Verónica ¿qué estás leyendo en este momento?; ¡NADA! – respondí al mismo tiempo que me encogía de hombros. Acto seguido se puso a buscar entre sus cajones: revistas, textos, ensayos y alguno que otro libro. Nada de lo que sacaba parecía convencerlo y la verdad es que a mí tampoco me entusiasmaba, en lo absoluto, alguno de esos “librejos” de autores poco conocidos (al menos para mí) y sin algún apellido rimbombante. De pronto se detuvo y, por fin, decidido, me entregó, todavía en su envoltura original, Los humanos de Matt Haig.

Debo confesar que mi primera impresión fue por completo desdeñosa. No sabía nada acerca del escritor, el titulo me parecía un poco de “superación personal" y la portada me recordó al diseño de otras novelas “ñoñas” que están tan de moda entre los pubertos. No obstante pasaría poco tiempo, tal vez las primeras cinco páginas, para que mi percepción diera un giro de 180 grados. Alguien una vez dijo: no juzgues a un libro por su portada… y no se equivocó.

Los humanos de Matt Haig resultó ser una grata sorpresa, un libro entrañable, el cual recomendaría sin dudarlo a cada persona que se sienta atraída por las matemáticas, la ciencia ficción, o por el simple gusto de leer y sobre todo porque, estoy segura, esta novela, escrita de manera tan inteligente, los hará reír, suspirar y pensar.

El libro relata la experiencia en la tierra de un alienígena vonadoriano que ha usurpado la identidad del profesor de matemáticas de la Universidad de Cambrige, Andrew Martin, por haber resuelto y demostrado la hipótesis de Riemann, poniendo en peligro a su especie y al universo entero. Bajo la apariencia del profesor Martin y con el propósito de aniquilar a todo aquel que esté relacionado con el descubrimiento, el alienígena adopta la conducta de un humano común, a tal grado que se ve obligado a convivir con la esposa e hijo del recién abducido y aniquilado Andrew.

Al principio, al vondoriano, todos los humanos, sin excepción, le resultan asquerosos, simples y ordinarios. Con sólo leer la Cosmopolitan se da cuenta que en este rincón del universo todos parecen saber mucho de moda pero muy pocos de matemáticas.
La idea de tener que transportarse, haciendo uso de tecnología tan rudimentaria (carro, tren, avión) para poder ir de un lugar a otro le parece tan absurda como la idea de usar ropa. La arquitectura, en su concepción extraterrestre la considera horrorosa y limitada, toda ella le parece poco ingeniosa, ¿por qué habiendo tantas otras figuras geométricas y hermosas como los círculos o los triángulos, los humanos se empeñan en construir cuadrados? –se pregunta. Por si fuera poco la comida humana la encuentra insípida; a las esposas entrometidas; a los hijos insoportables, las relaciones afectivas, las advierte, patéticas y tanto costumbres como modales le son incomprensibles.

Sin embargo, cuando descubre la música, entre ésta la de los Talking Heads, la literatura, los poemas de Emily Dickinson, la mantequilla de maní, el vino blanco, los perros y los orgasmos combinados con dosis de amor, todo cambia, despertando en él ciertos sentimientos y afinidad que antes no tenía, lo que termina por entorpecer su misión y meterlo en problemas.

Los humanos es una historia de extraterrestres, pero a diferencia de la conocidísima novela de H.G Wells, La guerra de los mundos, ésta resulta conmovedora y divertida. En esta historia no son marcianos los que quieren desaparecer a la raza humana para después arrebatarles “su” planeta. En Los humanos, el alienígena,  enviado por otros, ha venido a aniquilar a un sólo hombre, y a los involucrados con su descubrimiento, pues sabe que los mortales aún no conciben a plenitud la ciencia ya que con anterioridad han usado el conocimiento, tristemente, para aniquilarse entre ellos. Otra diferencia entre la novela de H.G. Wells y la escrita por Matt Haig es que en esta última podemos encontrar un pequeño rastro de optimismo, pues Haig, a diferencia del misántropo Wells, nos muestra lo mejor del ser humano.

En La guerra de los mundos, el escritor consigue deshumanizar a nuestra especie por completo, los personajes son antihéroes y a medida que se avanza en la lectura el deseo de que los extraterrestres venzan sobre los enviciados seres humanos aumenta.  Con Los humanos, sucede lo contrario, cuando el lector comienza el libro siente cierta aversión por su propia raza, pero a medida que continua se va convirtiendo en un filántropo que redescubre en la humanidad todo eso que la hace merecedora de tal calificativo. Lo que me hace pensar que tal vez si Schopenhauer estuviera con vida, muy probablemente, detestaría el libro de Haig, ya que éste se contrapone al bello pesimismo del filósofo alemán.

Sin lugar a dudas Los humanos les hará temer menos a los extraterrestres y amar más a nuestra especie.

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Tony Hawk, la leyenda del skateboarding, llegará a México

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La marca Nixon  organizará el Nixon Day, el 23 de octubre en la Arena Ciudad de México, donde se presentará una leyenda del skateboarding,  Tony Hawk, acompañado de 5 skaters internacionales Elliot Sloan, Lizzie Armanto, Neal Hendrix, Kevin Staab y Sandro Dias.
El evento comenzará a las 12 horas, con una competencia nacional AMPA STREET, nivel amateur y profesional.
En la parte musical contará con los grupos 3BallMTY, Royal Dead Beats de  Randy Ebright, baterista de Molotov,  Liquits, que de manera oficial6 presentarán su primer sencillo llamado “Inevitable”, y Los Viejos, quienes participaron en el evento de Tony Hawk en Argentina.

El Nixon Day será transmitido en Adrenalie Xtreme por TDN. 

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Un diseñador es un hombre que sabe comunicar: Lance Wyman

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  • Cuando era estudiante en 1960 no había diseño gráfico, excepto en el posgrado en Yale. Así que era una profesión muy joven: el diseño gráfico moderno en esa época...






Por Irma Gallo


Entré muy temprano a esto. Fue como seguir mi olfato y hacer cosas. Quería hacer cosas que se habían desarrollado poco, como la misma profesión. Y ahora es la parte más importante de la profesión, comentó el diseñador Lance Wyman.

Quizá ni su nombre ni su rostro les suene conocido, pero siempre que se suben al metro de la Ciudad de México y buscan en qué estación se van a bajar, están admirando una parte significativa de su trabajo. También a quien le haya tocado vivir el sangriento 68 puede recordar el logotipo de las Olimpiadas; esas letras formadas de líneas curvas y repetidas en las que se leía: México 68. Es Lance Wyman, y su trabajo de diseño urbano se puede apreciar en el MUAC del Centro Cultural Universitario de la UNAM hasta febrero del 2015.

Wyman no estudió diseño gráfico. Llegó  a México en el 66, pero el diseño gráfico venía de Europa y cuando era estudiante en 1960 no había diseño gráfico, excepto en el posgrado en Yale. Así que era una profesión muy joven: el diseño gráfico moderno en esa época, agregó.

La influencia de las culturas antiguas de México

Nunca estudié diseño gráfico. Esta fue mi lección de diseño gráfico, aquí, de algún modo, mi mayor lección fue descubrir realmente a las culturas primigenias. Descubrí qué maravillosamente utilizaban la geometría para representar cosas naturales: flores, aves, pero con personalidad y con intención.


Para él  no se trataba de copiar eso, sino de elevar su trabajo a ese tipo de nivel de personalidad para que la gente se relacionara. Así que para mí, básicamente un diseñador es un hombre que puede comunicar.   


Imagen:http://bit.ly/1puNzqz
             http://bitly.com/1tX5tn0
14AM

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